La búsqueda del bienestar es realmente la búsqueda de la felicidad, lo que se ha determinado como el fin último de la vida, que es lo que nos mueve permanentemente hacia adelante. Crecemos, nos desarrollamos, nos alimentamos, buscamos trabajo, estudiamos, nos emparejamos y tenemos hijos, creamos, escribimos, pintamos y plantamos árboles, todo en vistas a un futuro, a un mejor estado, depositando esperanzas y armándonos un futuro mejor. Cuando esta búsqueda (casi inconsciente) nos produce frustración, nos produce estrés o angustia, tendemos a culpar a los demás de lo que nos pasa. Muchas veces es así, y otras veces no es tan así. En esos momentos podemos detenernos y pensar en lo que nos pasa.

Para ayudarnos en este proceso podemos recurrir a la idea del yin y el yang y de lo que tienen para decirnos.
En la filosofía Taoísta se habla de la dualidad yin y yang como el juego de los opuestos, lo interno y lo externo, el mundo, la calle, las relaciones sociales y los desafíos físicos, opuesto al mundo interior, los pensamientos, las emociones. Estas dos fuerzas opuestas se unifican en armonía para favorecer el movimiento y, a su vez, el cambio.

Como antecedente, el taoísmo es una filosofía nacida en China de los escritos de Lao Tse en el siglo VI antes de Cristo, que se sustenta en varios principios, siendo uno de ellos la idea de que existen tres fuerzas que interactúan en la realidad: el yin, el yang y el Tao. Las dos primeras son fuerzas opuestas que se complementan y actúan como una: una fuerza activa y otra pasiva, mientras el Tao, por su parte, es la fuerza superior que contiene a ambas.

La forma más conocida de representar el yin y el yang es el símbolo llamado “taijitu”.
No es nuestro objetivo explicar qué es el Tao o qué es el taoísmo, ya que hay bastante información (ver algunas sugerencias al pie), pero sí rescatar la idea del yin y el yang como la conciencia del equilibrio en nuestra vida cuando buscamos el bienestar.

Cuando no estamos bien, cuando sentimos que algo nos falta, notamos que estamos en desequilibrio. Si nos domina la angustia por eventos externos, casi siempre somatizados a través de estrés, agotamiento, o de problemas de salud, buscamos nuestra energía yin para equilibrarnos. Cuando nuestro yin es muy acentuado, buscamos en equilibrio yang y nos abrimos al mundo, con mas acción y estimulaciones externas. En esta búsqueda permanente de un equilibrio entre ambos extremos encontramos el bienestar.

La cultura oriental lleva mucho más tiempo que occidente profundizando en el conocimiento de estos equilibrios a través de diversas terapias y cultivando comportamientos que se hacen comunes desde que las personas son niños pequeños. Entre ellos está la meditación, el control del cuerpo y del pensamiento a través de la respiración y de la conciencia del propio cuerpo.

En esto juegan un rol muy importante los ejercicios corporales, donde el yoga ha sido la secuencia de ejercicios mas conocida y extendida en occidente.

En yoga se pone atención a cómo nos sentimos, a nuestras emociones, llevando el cuerpo en un camino paulatino que mezcla situaciones yang y situaciones yin. La energía yin, en la práctica de yoga, es la energía de la relajación y la expansión, mientras la energía yang es lo opuesto; es la energía muscular, la energía de contracción de la fuerza muy presente en las secuencias dinámicas de yoga y posturas de pie.

Los saludos al sol, por ejemplo, son ejercicios yang mienstras que el Savasana es un ejercicio de relajación muy yin.  Estos movimiento nos ayudan a tomar conciencia de nuestro propio cuerpo y por ello de nuestras emociones, ya que podemos conectarnos con ellas en cada dinámica de ejercicios.

Los ejercicios, llevados de esta forma, inevitablemente nos harán preguntamos sobre nuestra energía yin, por nuestras emociones y a la raíz de éstas, y frente a ellas, a la responsabilidad sobre nuestra propia vida y del camino que elegimos vivir. Tomar conciencia que la vida que vivimos es una decisión y que tal como tomamos esa decisión y podemos cambiarla.

Yoga también es meditación, y de esta manera, comprendiendo que nuestra decisión puede ser el bienestar general, podemos tomar conciencia de cada una de las partes, para lograr la libertad anhelada.

El manejo correcto de las emociones nos ayuda a equilibrar nuestro estado de ánimo, permitiéndonos ver con claridad, sin prejuicios, apegos o miedos que nos restringen para vivir una vida equilibrada, interna (yin) y externa (yang).

Hacernos conscientes de nuestro cuerpo y de nuestras emociones es un trabajo constante, que realmente no termina nunca. Pero el ejercicio de su búsqueda es también un camino placentero lleno de gratificaciones. Alentamos a las personas a ejercitar su cuerpo de forma consciente de forma de conocer (nos) mejor y en este camino, el ejercicio del yoga y los principios del yin y yang pueden ser un buen compañero de ruta.

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